En Autobiografía del algodón, Cristina Rivera Garza sigue con curiosidad y asombro los pasos de aquellos hombres y mujeres que habitan su pasado familiar, obreros y campesinos que trabajaron la tierra que ahora conforma la frontera entre Tamaulipas y Texas, una región que alcanzó un alto nivel económico, social y cultural gracias al sistema de siembra del algodón. Por eso esta novela es, además de una narración íntima, un reencuentro con el territorio. O un desencuentro, debido a la migración, deportación, expulsión y repatriación de aquellos campesinos algodoneros que, tras el fracaso del sistema, dejaron libre su espacio, un lugar antes símbolo de progreso y hoy ocupado por la llamada «guerra contra el narco».
Fuente: Random House.
Autora de novela, cuento, ensayo y poesía por los que ha recibido numerosos galardones. Entre sus más recientes publicaciones destacan Me llamo cuerpo que no está. Poesía completa (Lumen, 2024), Autobiografía de Algodón(Random House España, 2022) y El invencible verano de Liliana (Random House España, 2021), traducido al inglés (Hogarth, 2023) y candidato al Premio Nacional del Libro 2023 en no ficción. Es Profesora Distinguida del M.D. Anderson y fundadora del Programa de Doctorado en Escritura Creativa en Español del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Houston. Ha sido distinguida con las becas MacArthur, María Zambrano Universidad de Barcelona y ha sido Artista en residencia DAAD en Berlín.
Fuente: www.losencuentrosdepamplona.com
En Autobiografía del algodón, la escritora mexicana Cristina Rivera Garza pone su formación de socióloga e historiadora al servicio de una paciente indagación en la historia de su familia, procedente del noreste de México. Seguimos así las andanzas del abuelo paterno José María Rivera Doñez desde Venado (al norte de San Luis Potosí), hasta Estación Camarón cerca de la presa don Martín en Nuevo León (norte de Monterrey), donde transcurre una famosa huelga en 1934. Ahí empieza el relato, o mejor dicho, la reconstitución literaria del encuentro posible (pero más imaginado que real) entre el abuelo paterno y el escritor José Revueltas. Las disquisiciones de éste sobre el campesinado y su relación con la tierra y el cosmos alimentan las reflexiones de la narradora. En 1937, la familia paterna emigra a Tamaulipas para un segundo intento de cultivo algodonero. Allí se cruzan las rutas de las ramas paterna y materna, esta última procedente de Houston. Después de varios años de monocultivo y un uso masivo de pesticidas, la tierra se agota. La transición hacia el sorgo sólo otorga un breve plazo antes de un nuevo éxodo, esta vez del campo a la ciudad.
A lo largo de su pesquisa, Cristina Rivera Garza descubre sus raíces indígenas y migrantes, con cruces de fronteras reiterados en el transcurso de las generaciones. Desde ahí se entiende que la segunda gran referencia intertextual que rige la escritura del libro sea la de Gloria Anzaldúa y su ensayo autobiográfico: Borderlands. La frontera. The New Mestiza (1987). Su relato de la mordedura iniciática por una serpiente resuena con la que habría sufrido la abuela paterna Petra. La trayectoria vital de Petra es también objeto de reflexión cuando se descubre que fue raptada por su futuro esposo: un choque para la narradora, incitada a cuestionar la violencia machista y cómo ésta posiblemente se coló en los silencios de la historia familiar. Esta problemática se prolongará en el libro siguiente de la autora – El invencible verano de Liliana– dedicado a la indagación de los hechos que desembocaron en el feminicidio de su hermana.
La dimensión autobiográfica es patente no sólo en la presentación detallada del recorrido de los cuatro abuelos, sino también en la explicitación de las circunstancias de la escritura. Viajando en coche por zonas que están bajo el dominio del narcotráfico, la narradora también cuenta una epopeya contemporánea, llena de riesgos y amenazas. En este viaje en el tiempo y en el espacio, los lectores acompañan a la autora en su búsqueda de archivos, documentos y restos materiales que le permitan entender el por qué y el cómo de las mudanzas de sus familiares. Estas siguen el ritmo de la política agraria del México postrevolucionario, especialmente durante el gobierno de Cárdenas que pretendía poblar la frontera norte, fomentando el riego y el cultivo del algodón. La imposición del monocultivo desde arriba se desarrolló gracias a infraestructuras (presas, carreteras, zonas desforestadas), al uso masivo de pesticidas y a la movilización de una mano de obra dispuesta a trabajar en condiciones muy difíciles con tal de poseer un pedazo de tierra cultivable. La autobiografía es así a la vez la historia de una familia y de una planta -el algodón- con la que convivió y de la que vivió durante décadas antes de que el rigor de una tierra seca, salina y saturada de pesticidas impusiera su ley. La mudez final del abuelo Cristino da cuenta de una forma de sideración triste frente a la devastación de la tierra, lo que la última parte del libro llama “terricidio”, esto es, una destrucción biofísica, socioeconómica y simbólica de la tierra.
Frente a esta destrucción, la escritura de Rivera Garza se despliega como un testimonio acerca del pasado con vistas a un futuro que nos requiere: el reconocimiento de que dependemos del territorio que nos abriga y nos alimenta. En definitiva, el descentramiento al que nos invita la autobiografía es doble: hacia el mundo vegetal considerado como agente y hacia la autoría múltiple de documentos y archivos insertados en su forma facsímil en el libro. Esto significa que la autobiografía no corresponde con una escritura del yo sino con una confluencia escritural de múltiples voces: lo que la autora llama una escritura desapropiativa.
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