Cuatro defensores ambientales latinoamericanos asisten a una convención en Lago Agrio, un pueblo de la Amazonía ecuatoriana. Provienen de distintas geografías y culturas, todas arrasadas por el extractivismo. Desesperados por la infructuosa lucha pacífica, deciden pasar a la acción directa e inician un periplo alucinado por los ríos amazónicos que los conducirá hasta Perú y conllevará el sabotaje, la huida y el riesgo, pero sobre todo la observación y el aprendizaje. Derrotero es el relato conmovedor de un encuentro reflexivo y sensitivo con la selva y las personas que siempre la han habitado. Novela, testimonio y crónica se mezclan en este libro único que nos revela la belleza natural y humana de un territorio trágicamente explotado.
Novela, testimonio y crónica se mezclan en un libro único y conmovedor sobre la explotación de la selva amazónica.
Fuente:https://sigilo.es/producto/derrotero-antonio-sanchez-gomez/
Antonio Sánchez Gómez (Extremadura, 1981) es jurista. En 2019 se estableció en Lago Agrio para trabajar con la Unión de afectados por Texaco en la redacción de la demanda que daría lugar a la sentencia que prohibió los mecheros petroleros en la Amazonía ecuatoriana. Desde allá pudo navegar el Napo hasta su desembocadura en el Amazonas. Actualmente colabora con el Centro de Comunicación y Desarrollo Andino. Actualmente colabora con el Centro de comunicación y desarrollo andino. Derrotero es su primera novela.
Bio y foto: https://sigilo.es/producto/derrotero-antonio-sanchez-gomez/
Un activista medioambiental (Héctor), una bióloga (Oriana), un guardia indígena en el Putumayo cuya vida se ve definida por su experiencia directa con la selva y las comunidades indígenas (Lucindo) y otro activista medioambiental (Bruno), dan forma al mapa de personajes principales a través de los que se elabora esta ficción anti-extractivista. El tono de denuncia es incuestionable, algo que se afianza desde el momento en el que los cuatros personajes, tras una convención en Lago Agrio (Amazonia ecuatoriana), deciden pasar a la acción directa. Para ello, los cuatro amigos se embarcan en una suerte de viaje donde el camino tradicional de las estructuras narrativas de la road movie se ve aquí sustituido por la navegación fluvial con destino a Perú. A través de ese viaje vivirán distintos tipos de adversidades (obstáculos que refuerzan el tono aventuro que define a una gran parte de la novela), pero a su vez les permitirá conocer de forma directa a otras culturas, formas de resistencia o la preocupación y el sufrimiento que causa la destrucción del medio ambiente local. El cruce entre los deseos de los activistas y la realidad que les envuelve, determinada por un relato de tono sensorial y reflexivo que sitúa a la naturaleza al nivel de un personaje latente (una suerte de prosopografía), provoca una mirada admirativa hacia las comunidades amazónicas, hacia la naturaleza y su belleza, pero sirve, también, como eje a partir del cual se elabora la denuncia velada hacia la explotación medioambiental. En este aspecto, no se trata de la elaboración de un discurso superficial y hasta cierto punto manido con respecto a esta posición ecologista, sino que la denuncia es directa, se enuncia a través de distintas situaciones y voces. Para ello, el autor no evita mostrar las consecuencias destructivas del extractivismo, aparece con todas las formas de violencia a las que esta práctica se asocia (muerte, contaminación, migraciones forzadas, etc.). El paisaje, necesariamente repetitivo en ocasiones, constituye un referente de carácter testimonial, pasivo, pero con agencia en cuanto a su potente valor simbólico. A su vez, la hibridación narrativa que va desde el testimonio, el diario de viaje o las crónicas, da forma una suerte de dialogismo que potencia la variedad de perspectivas hacia el asunto tratado. Estamos, por tanto, ante una novela sugestiva y cargada ideológicamente con respecto al deterioro paulatino que las grandes empresas extractivistas han causado y causan a la naturaleza en el contexto de la Amazonia. El padecimiento de esa naturaleza pasiva se traduce en el sufrimiento infligido a las comunidades locales. Se denuncia de esa manera no solo la destrucción del medioambiente, sino la violencia que se ejerce contra esas comunidades indígenas.
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