Un niño escapado de casa escucha, agazapado en el fondo de su escondrijo, los gritos de los hombres que lo buscan. Cuando la partida pasa, lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente de aquello que le ha hecho huir. Una noche, sus pasos se cruzan con los de un viejo cabrero y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.
Intemperie narra la huida de un niño a través de un país castigado por la sequía y gobernado por la violencia. Un mundo cerrado, sin nombres ni fechas, en el que la moral ha escapado por el mismo sumidero por el que se ha ido el agua. En ese escenario, el niño, aún no del todo malogrado, tendrá la oportunidad de iniciarse en los dolorosos rudimentos del juicio o, por el contrario, de ejercer para siempre la violencia que ha mamado.
A través de arquetipos como el niño, el cabrero o el alguacil, Jesús Carrasco construye un relato duro, salpicado de momentos de gran lirismo. Una novela tallada palabra a palabra, donde la presencia de una naturaleza inclemente hilvana toda la historia hasta confundirse con la trama y en la que la dignidad del ser humano brota entre las grietas secas de la tierra con una fuerza inusitada.
fuente RESUMEN: https://www.planetadelibros.com/libro-intemperie/87741
Jesús Carrasco nació en Olivenza (Badajoz) en 1972. Su primera novela, Intemperie (Seix Barral, 2013), lo consagró como uno de los debuts más deslumbrantes del panorama literario internacional y fue galardonada con el Premio Libro del Año otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid, el de Cultura, Arte y Literatura de la Fundación de Estudios Rurales, el English PEN Award y el Prix Ulysse a la Mejor Primera Novela. Quedó finalista del Premio de Literatura Europea en Holanda y del Prix Méditerranée Étranger en Francia. Elegida como Libro del Año por El País en 2013 y seleccionada por The Independent como una de las mejores novelas traducidas de 2014 en Reino Unido, Intemperie ha sido publicada en veintiocho lenguas y ha sido adaptada al cine por Benito Zambrano. Su segunda novela, La tierra que pisamos (Seix Barral, 2016), fue galardonada con el Premio de Literatura de la Unión Europea. Su siguiente libro, Llévame a casa (Seix Barral, 2021), ganó el XVII Premio Dulce Chacón de Narrativa Española y el Premio Casino de Santiago. Elogio de las manos (Seix Barral, 2024) es su última novela, ganadora del Premio Biblioteca Breve 2024.
Fuente bio y foto: Planeta Libros
Con el metafórico título de Intemperie, en 2013 vio la luz una novela de Jesús Carrasco convertida por la crítica en uno de los más significativos exponentes de la narrativa neorrural española. Tomando como hilo conductor a un niño que huye de la violencia familiar para ir a dar a un territorio de violencia climática y abuso de poder, Carrasco construye una novela distópica insertable dentro del subgénero de la ecoficción apocalíptica. En su huida, este niño −cuyo nombre no se conoce− se encuentra con un anciano, un cabrero que, a lo largo de la obra, se revela como portador de unos saberes tradicionales con los que intentará proteger y educar al joven garantizando su supervivencia. El encuentro entre ambos personajes se produce en el único espacio que se describe, el de una llanura ubicada en una geografía innominada y arrasada por la sequía. Las referencias a la falta de agua y a su contaminación, así como a la fuerza del sol y la insolación que sufren los protagonistas son constantes. A esta crisis ecológica, que parece anticipar las futuras consecuencias de la destrucción del planeta, se suman las referencias a la despoblación de las aldeas por las que los protagonistas pasan en su huida. Los seres humanos y no humanos (olivares, chopos, jaras, galgos, un perro o un burro) aparecen íntimamente entrelazados. La extrema situación de la Meseta se agrava por la atmósfera opresiva motivada por un poder despótico que, encarnado en la figura del alguacil, persigue al chico y al cabrero a través del llano. En medio de este ambiente deshumanizado, los protagonistas ofrecen una relación de ruda convivencia, aprendizaje y ayuda, silenciosa y salpicada de pequeños gestos de cariño. El cabrero termina entregando su vida para proteger la del chico. Se trata de una novela cargada de contrastes, cuya evidencia más temprana se aprecia en el uso del lenguaje. Un lenguaje en el que se une un léxico rural, propio del mundo rústico y hostil en el que se sitúa la historia, con unas descripciones sumamente líricas, capaces de mostrar con singular belleza un escenario que se manifiesta realmente desolador. Si para hacer frente a la violencia ejercida por las figuras que representan el poder, al final de la novela, a los protagonistas se les hace inevitable utilizar sus mismas armas, es evidente cómo con el traspaso de conocimiento del anciano al niño que se ha producido y con la llegada, en la última escena, de la lluvia que limpia lo sucedido, el autor ha querido hacer de su novela un instrumento de concienciación de la crisis climática y social que envuelve al planeta y sugerir, al mismo tiempo, un camino que arroje un rayo de esperanza.
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